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“El problema del azufre” de Quark
publicació creuada des de: https://collapse.cat/post/83124 > Ref: https://rayonegro.substack.com/p/el-problema-del-azufre-acido-sulfurico/comments > > El azufre multiplicado por seis en dos años, antes incluso del cierre de Ormuz, es la demostración más precisa de algo que llevamos semanas documentando: no hay un solo sector de la economía moderna que no dependa de alguna forma del petróleo y el gas, y por tanto no hay un solo sector que no esté siendo golpeado simultáneamente. > > Pero lo que hace especialmente importante este artículo es la paradoja que Quark ha identificado: la demanda de azufre está siendo impulsada precisamente por la transición energética que se supone debe resolver la dependencia del petróleo. Las baterías LFP, la hidrometalurgia del níquel para vehículos eléctricos, el fosfato de litio ferroso: todos compiten por el mismo azufre que la agricultura necesita para los fertilizantes fosfatados que alimentan al mundo. La solución compite con la supervivencia por el mismo insumo escaso. Es la policrisis en su forma más pura. > > El ROI energético: el marco que lo explica todo > > Cualquier ser vivo o sociedad necesita un retorno energético positivo para sobrevivir. Durante 150 años la civilización industrial funcionó porque extraer un barril de petróleo requería la energía equivalente a 1 barril para obtener 100. Hoy el shale americano da un retorno de 5:1 en su mejor momento, y cayendo. Las renovables, sin almacenamiento masivo, dan retornos aún menores en términos sistémicos cuando se cuenta toda la cadena industrial que las produce. > > Cuando una civilización cae por debajo del ROI energético mínimo para sostener su complejidad, la historia es implacable: las sociedades se ajustan en número y en uso de recursos hasta alcanzar el equilibrio con la energía disponible. No es ideología ni política. Es termodinámica. > > Roma no colapsó por corrupción ni por los bárbaros. Colapsó porque su ROI energético, basado en la esclavitud y la expansión territorial, se volvió negativo cuando dejó de poder expandirse. > > El azufre es hoy el indicador más preciso de ese ajuste, porque aparece en la cadena de todos los sectores simultáneamente: fertilizantes, baterías, minería, farmacéutica, electrónica. Cuando el termómetro de todos los sectores sube al mismo tiempo, no hay un problema sectorial que resolver. Hay un sistema que está alcanzando sus límites físicos. > > Las guerras termodinámicas y la tensión social inevitable > > Desde Iraq hasta Irán, pasando por Ucrania, Siria y Venezuela, cada conflicto ha atacado un nodo del sistema energético global en el período de transición entre la abundancia fósil y lo que venga después. No son guerras ideológicas. Son guerras por el control de los flujos energéticos mientras el ROI global cae. > > Y cuando el ROI energético cae por debajo del umbral de supervivencia social, la pregunta política que emerge es siempre la misma y siempre es explosiva: por qué mis impuestos financian subsidios a ilegales que no han cotizado, mientras yo no puedo permitirme calefacción ni medicamentos ni alimentos, y mis hijos pasan hambre. No es una pregunta ideológica. Es una pregunta de supervivencia básica que cualquier ser humano formula cuando sus necesidades elementales dejan de estar cubiertas. Armstrong proyecta disturbios civiles entre 2028 y 2032. Mercouris y Krapivnik los sitúan en el próximo invierno. La diferencia no es de naturaleza sino de velocidad. > > La policrisis que describe este artículo no es la suma de varias crisis paralelas. Es una sola crisis sistémica del modelo energético industrial, manifestándose simultáneamente en todos los sectores que ese modelo construyó. > > Como dijiste en tu artículo sobre el pico del petróleo: no hemos caído por el acantilado. Nos han empujado. Pero el ajuste termodinámico que viene, con o sin empujón, es inevitable. La única pregunta es si será gestionado o caótico, y mucho me temo, si miramos al pasado para ver el reflejo del futuro, que será caótico y tiránico.

“El problema del azufre” de Quark
Ref: https://rayonegro.substack.com/p/el-problema-del-azufre-acido-sulfurico/comments El azufre multiplicado por seis en dos años, antes incluso del cierre de Ormuz, es la demostración más precisa de algo que llevamos semanas documentando: no hay un solo sector de la economía moderna que no dependa de alguna forma del petróleo y el gas, y por tanto no hay un solo sector que no esté siendo golpeado simultáneamente. Pero lo que hace especialmente importante este artículo es la paradoja que Quark ha identificado: la demanda de azufre está siendo impulsada precisamente por la transición energética que se supone debe resolver la dependencia del petróleo. Las baterías LFP, la hidrometalurgia del níquel para vehículos eléctricos, el fosfato de litio ferroso: todos compiten por el mismo azufre que la agricultura necesita para los fertilizantes fosfatados que alimentan al mundo. La solución compite con la supervivencia por el mismo insumo escaso. Es la policrisis en su forma más pura. El ROI energético: el marco que lo explica todo Cualquier ser vivo o sociedad necesita un retorno energético positivo para sobrevivir. Durante 150 años la civilización industrial funcionó porque extraer un barril de petróleo requería la energía equivalente a 1 barril para obtener 100. Hoy el shale americano da un retorno de 5:1 en su mejor momento, y cayendo. Las renovables, sin almacenamiento masivo, dan retornos aún menores en términos sistémicos cuando se cuenta toda la cadena industrial que las produce. Cuando una civilización cae por debajo del ROI energético mínimo para sostener su complejidad, la historia es implacable: las sociedades se ajustan en número y en uso de recursos hasta alcanzar el equilibrio con la energía disponible. No es ideología ni política. Es termodinámica. Roma no colapsó por corrupción ni por los bárbaros. Colapsó porque su ROI energético, basado en la esclavitud y la expansión territorial, se volvió negativo cuando dejó de poder expandirse. El azufre es hoy el indicador más preciso de ese ajuste, porque aparece en la cadena de todos los sectores simultáneamente: fertilizantes, baterías, minería, farmacéutica, electrónica. Cuando el termómetro de todos los sectores sube al mismo tiempo, no hay un problema sectorial que resolver. Hay un sistema que está alcanzando sus límites físicos. Las guerras termodinámicas y la tensión social inevitable Desde Iraq hasta Irán, pasando por Ucrania, Siria y Venezuela, cada conflicto ha atacado un nodo del sistema energético global en el período de transición entre la abundancia fósil y lo que venga después. No son guerras ideológicas. Son guerras por el control de los flujos energéticos mientras el ROI global cae. Y cuando el ROI energético cae por debajo del umbral de supervivencia social, la pregunta política que emerge es siempre la misma y siempre es explosiva: por qué mis impuestos financian subsidios a ilegales que no han cotizado, mientras yo no puedo permitirme calefacción ni medicamentos ni alimentos, y mis hijos pasan hambre. No es una pregunta ideológica. Es una pregunta de supervivencia básica que cualquier ser humano formula cuando sus necesidades elementales dejan de estar cubiertas. Armstrong proyecta disturbios civiles entre 2028 y 2032. Mercouris y Krapivnik los sitúan en el próximo invierno. La diferencia no es de naturaleza sino de velocidad. La policrisis que describe este artículo no es la suma de varias crisis paralelas. Es una sola crisis sistémica del modelo energético industrial, manifestándose simultáneamente en todos los sectores que ese modelo construyó. Como dijiste en tu artículo sobre el pico del petróleo: no hemos caído por el acantilado. Nos han empujado. Pero el ajuste termodinámico que viene, con o sin empujón, es inevitable. La única pregunta es si será gestionado o caótico, y mucho me temo, si miramos al pasado para ver el reflejo del futuro, que será caótico y tiránico.




Lavrov continues to be a voice of sanity as he demonstrated in his remarks to a meeting of the members of the Russian International Affairs Council today
Today, political scientists both abroad and many in our country point to a whole series of manifestations that characterize the complexity and non-one-dimensionality of the current period. They draw attention to the fact that the system of modern international law is being most provocatively undermined. There are fewer and fewer constraining factors that have ensured relative, but still stable stability for decades. To put it simply, some countries have “lost their shores” and are already openly declaring their “rights” to certain territories, without bothering to give their plans at least some legal grounds. The last example is very illustrative. US Secretary of State Mark Rubio, answering a question about how to end the war in the Persian Gulf as soon as possible, said that everything depends on Iran, saying that it only needs to open the Strait of Hormuz, otherwise it will continue to commit a gross violation of international law. He meant that Iran should not have closed the Strait of Hormuz, because this is contrary to international law. Two days earlier, US President Donald Trump said that he was not interested in international law and that he had “his own morals and his own instincts.” Literally, such a “two-move”. Some elements of international life take us back to the distant past. Representatives of the top military and political leadership of certain countries are kidnapped or killed “out of lawlessness”. You are well aware of this. With Old Testament cruelty, entire city blocks are destroyed along with their inhabitants, clinics for children, schools where two hundred girls find their death overnight. Nuclear power facilities under international safeguards and other civilian facilities of basic life support infrastructure are being bombed. In these situations, except for us and our like-minded people, no one cares about international law. We are witnessing a sharp increase in the importance of the factor of military force in international affairs. This leads to the fact that the constants of international relations are under powerful pressure. They are being shaken. Many experts see the root of the problem in the plane of the driving mechanisms of the foreign policy of the leading Western states, whose financial and economic system functions properly only in the conditions of external expansion and the exploitation of all types of resources of other countries. And indeed, in fact, a situation is emerging when the West, with its foolish hegemonic ambitions, has entered a “clinch” with the desire of the world majority to overcome existing challenges on the basis of equality and justice – in other words, the principles of the UN Charter agreed upon at the end of World War II: the sovereign equality of states, non-interference in internal affairs and the right of nations to self-determination, which must be recognized by all legitimate governments. It is clear that these principles were not always, I would even say, rarely applied in real politics, but they were guidelines that no one questioned. This has always served our efforts, the efforts of other states to draw attention to the fact that we have a consensus on how to live in peace after World War II. This was an absolutely natural course of diplomatic dialogue. The Europeans are also now alarmed and have begun to call on the United States and Israel to follow the principles of the UN Charter. But they themselves have done a lot to ensure that these principles remain only on paper. It is necessary to return to them, to return to them at least the role of moral persuasion, if you will, but it will not be easy. What we are witnessing now shows signs of escalating into an increasingly large-scale conflict, which some scholars have already dubbed a new world war. We also have such assessments expressed by our colleagues. In fact, not only Russia and China and other BRICS countries, but also all more or less independent centers of power and development are becoming objects of aggressive opposition from those who are accustomed to living at someone else’s expense and feeling like a hegemon. The actions that we are now witnessing in the international arena to carry out de facto coups d’état, either under the slogan of combating drug trafficking, or under the slogan of eliminating “the regime that has been engaged in global terrorism for 47 years,” are ultimately (and this is publicly stated) related to the need to exercise control over more and more oil and gas resources. At least, it is clear that this is the meaning of many of the initiatives that we are witnessing.